domingo, 24 de julio de 2011

LA IGLESIA DE SANTIAGO III: Esculturas yacentes de la familia de D. Luis de la Serna


Las esculturas yacentes de D. Luis de la Serna y su familia son la tercera de las joyas de esta iglesia. Son un grupo de esculturas funerarias que efigian a diferentes personalidades de la familia del citado D. Luis de la Serna, patrono de la capilla mayor de la iglesia. Las imágenes se hallan dispuestas en arcosolios a ambos lados de la capilla mayor. Las esculturas siempre se hallaron allí, aunque no siempre estuvieron a la vista. Hasta mediados del siglo XIX las imágenes estuvieron a la vista de la gente, tapiándose por entonces. Fueron nuevamente descubiertas hace unos años, concretamente en 1974, aparición que ha contribuido aun mas a enriquecer, la ya de por sí, valiosa capilla mayor de la iglesia.
Los arcosolios de sus paredes laterales fueron abiertos en 1498, para el enterramiento de D. Luis de la Serna y sus familiares, los fundadores del patronato de la capilla mayor. En ellos aparecieron sus esculturas funerarias, talladas en alabastro. El conjunto, del que también forma parte la escultura yacente de la capilla del Pilar, tiene un excepcional interés dada su gran calidad artística y la escasez de obras de este tipo y momento en Valladolid.
Aunque no se ha reconstruido su disposición primitiva se pueden identificar las esculturas yacentes. En el primer arco del lado del evangelio, figura la escultura de un hijo o yerno de D. Luis de la Serna, obra del escultor Alejo de Vahía. A su lado se ha colocado el bulto que representa a una hija o nuera del patrono, igualmente original del mismo artista.
En el segundo arcosolio de este mismo lado descansa la escultura funeraria de D. Francisco Núñez de la Serna, padre de don Luis, que formaría pareja con la de su esposa, Teresa Rodríguez, ahora en la capilla del Pilar. Esta escultura de Dª Teresa viste hábitos y tocas, sostiene un libro sobre su pecho y lleva un perrito a sus pies. Ambas esculturas de los padres también se atribuyen a Alejo de Vahía.
Al lado de la escultura de D. Francisco Núñez se encuentra la figura de doña Blanca López de Calatayud, patrona de la capilla mayor, cuyo sepulcro es de cronología ligeramente posterior y obra ya renacentista. En el lado de la epístola, uno de los arcosolios se encuentra vacío y en él se practicó la puerta que da acceso a la sacristía desde el presbiterio, mientras que en el otro arco don Luis de la Serna, solo, aguarda la Resurrección de los muertos. Todas las esculturas están lujosamente ataviadas, pero especialmente la figura del fundador, al que no le falta en su gorro la venera santiaguista. Su figura se talló, como la de su esposa, en estilo renacentista. Encima de los arcos sepulcrales figuran las armas de la familia.


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA, Jesús: Catálogo Monumental de Valladolid. Tomo XIV, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985.

domingo, 10 de julio de 2011

LA IGLESIA DE SANTIAGO II: El retablo de la Epifanía, de Alonso Berruguete


El retablo de la Epifanía es la segunda gran obra de la iglesia de Santiago que me propongo comentar. Fue concertado por Alonso Berruguete el 21 de junio de 1537 con Diego de la Haya y su esposa, Doña Catalina Barquete. Debía de estar concluido en octubre de 1538. El retablo, de tipo plateresco, se sitúa en la quinta capilla del lado de la epístola de la iglesia de Santiago. Se compone de tres cuerpos y tres calles, banco y ático. El cuerpo central forma una única escena –la que da nombre al retablo– y que, al ocupar todo el espacio del mismo, hace que se pueda hablar, en terminología del profesor Martín González, de un “retablo-escenario” cuyo antecedente más próximo es el retablo mayor de la capilla del Condestable de la catedral de Burgos. Como anécdota hay que decir que es el único retablo de Berruguete conservado en la capital vallisoletana que se encuentra in situ desde que fue ejecutado por el maestro.
Foto del retablo a comienzos del siglo XX. En la parte inferior hay dos esculturas que no están en la actualidad
El banco del retablo está dividido en tres calles: la central, partida por la mitad por una columna jónica, habiendo desparecido las esculturas que habrían a cada lado; y las calles de los extremos ocupados por altorrelieves que representan en cada uno de ellos a uno de los patrones acompañados por un santo, estando cada escena rematada por una venera. Pues bien, las estatuas orantes de los patrones o donantes están vestidas según la manera de la época, y aparecen escoltados por sus santos protectores que, en este caso, son los Santos Juanes, aunque, según Camón Aznar, serían San Juan y la Magdalena. Las esculturas representan las figuras del banquero Don Diego de la Haya y su mujer, Doña Catalina Barquete, quienes el 21 de junio de 1537 contrataron con Alonso Berruguete la ejecución del retablo.
El hecho de que el retablo se intitule “de la Epifanía” guarda relación con la frecuencia de este tema entre las personas acaudaladas, que demostraban de esta forma su veneración a Dios al compararse con los Magos de Oriente que ofrecieron regalos de valor al Niño Jesús. El cuerpo central lo firma el nombrado grupo de la Adoración de los Magos. La disposición de esta escena, la principal del retablo, es muy novedosa y arriesgada, por cuanto a ambos lados de la Virgen con el Niño aparecen sendos grupos en arremolinada composición. Estamos ante figuras nerviosas, de anatomías secas, y expresiones dramáticas, como es propio de Berruguete. Melchor aparece de rodillas rodeado de los otros reyes y sus pajes, que parecer correr desaforadamente hacia la Virgen.
El rey Melchor es el más anciano y, por tanto el principal de los tres. Representa la senectud del ser humano. Gaspar, por su parte, simboliza la persona madura y es  el rey de Asia. Finalmente, el rey negro, es el más joven y, personifica a África.
La Virgen se asemeja a una matrona romana que está sentada sobre una roca, habiéndose apuntado conexiones con el arte italiano del aquel tiempo. Su fisionomía es voluminosa y está efigiada con serena majestad. San José, detrás de ella, ocupa un discreto segundo plano, es un hombre viejo y decrépito que parece ajeno a la composición. Es una persona barbada, que apoya su barbilla sobre un bastón que sujeta con ambas manos, en actitud pensativa y melancólica, sin relación alguna con el resto de la Sagrada Familia. La edad que aparenta es, sin duda, muy distinta a la de la Virgen. La Virgen muestra un ánimo diferente que contrasta con la avalancha de personajes que la flanquean y que se dirigen impetuosamente hacia ella. El Niño, cuya postura es un tanto forzada, parece resbalar del enfaldo de la Virgen, que le sostiene con la mano izquierda.
El cuerpo superior lo volvemos a ver dividido en tres partes iguales, teniendo cada una de ellas una escena. Entre escena y escena, para separarlas, hay un par columnas abalaustradas rematadas por un trozo de cornisa. En el relieve de la izquierda, según la visión del espectador, vemos la historia de la Anunciación del Arcángel San Gabriel a María, la cual aparece arrodillada ante el reclinatorio, además su cabeza efectúa un giro pronunciado para escuchar al santo. El suceso tiene lugar en la alcoba de la Virgen, como así lo demuestra el dosel de la cama. En el nicho central tiene cabida una Virgen con el Niño rodeada de rayos dorados. La Natividad ocupa el lado derecho del cuerpo. Son curiosas las posturas que adoptan el Niño, con el cuerpo de perfil a sus padres y la cabeza vuelta en dirección a su madre; San José aparece sentado en el suelo con las piernas dobladas y un rictus angustiado y como dolorido en medio de un semblante boquiabierto, con esa agitación que imprime Berruguete a sus creaciones. Existe, además, un fondo arquitectónico en el que se divisan el buey y la mula asomando sus cabezas por un hueco.
El ático está ocupado por un Calvario. El crucifijo tiene un canon alargado que recuerda a los Cristos de Juan de Valmaseda. El rostro es estrecho y afilado, con ojos y cejas inclinados. La corona de espinas está labrada directamente en la propia cabeza. Su barba es puntiaguda, como corresponde a los tipos de Berruguete. El grupo de figuras se cobija bajo un arco rebajado dentro de un compartimento delimitado por marcos con dobles columnas a cada lado.
Unas enormes columnas abalaustradas en los extremos recorren el retablo de arriba abajo a modo de pulseras laterales. Sus ejes están rematados por unos clípeos vegetales en cuyo interior se encuentran los bustos de San Pedro y San Pablo decorados con motivos platerescos y coronados por pequeños pebeteros. Todo el retablo se cubre con la típica decoración renacentista: putti, motivos a candelieri, columnas abalaustradas, veneras, etc…

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LA IGLESIA DE SANTIAGO III: Esculturas yacentes de la familia de D. Luis de la Serna
LA IGLESIA DE SANTIAGO IV: El relieve de Santiago Matamoros


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN JIMENEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ Abelardo: Retablos Escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010.
  • URREA, Jesús: La iglesia de Santiago de Valladolid, Parroquia de Santiago, Valladolid, 1977.